
Publicado en Japón en 1985, El hombre sin talento es la historia de Sukezo Sukegawa, un dibujante de manga sin éxito que se improvisará vendedor de piedras y de cámaras fotográficas antiguas pero fracasará en todo sin excepción. Las ansias por solucionar su desastrosa situación económica le llevarán a fantasear con hacerse monje o con descubrir una cura para el cáncer o las hemorroides. Obra de culto, El hombre sin talento es también un fascinante viaje a través de la cambiante sociedad japonesa donde siguen abiertas las heridas de la desastrosa derrota de la Segunda Guerra Mundial y donde se respira el profundo trauma generado por su rápida conversión a una sociedad de consumo.

Escritas a lo largo de un periodo de cuatro años, tiempo en el que Yoshiharu Tsuge padecía ya de una frágil salud física y mental, las seis historias reunidas en este volumen bajo el título de La mujer de al lado componen un cuadro de trazos autobiográficos tanto de los inicios del autor en el mundo del manga, como de los sucesivos fracasos y sinsabores existenciales que atravesó. Aparentes distorsiones de la realidad de Japón, las seis historias reflejan una vida cotidiana materializada como el reverso del éxito social y nos devuelven el relato deshilvanado de todos aquellos que quedaron al margen del gran progreso económico del país. ‹‹Quizá porque me encuentro mal, quizá estoy aburrido de dibujar manga, pero lo cierto es que apenas encuentro ya motivación para continuar con mi trabajo», admitía Yoshiharu Tsuge cuando se publicó La mujer de al lado en Japón, época en la que se produjo también un cambio radical entre lo que representaba él mismo y lo que proponían los nuevos autores. Treinta años de carrera a sus espaldas y Tsuge admitía haber llegado al límite de sus fuerzas, ansiar tan solo una pensión del Estado y retirarse a la oscuridad de una montaña perdida. Ese desapego hacia su propia obra no resta, sin embargo, un ápice de interés a estas historias protagonizadas por personajes casi nihilistas, sumidos en una profunda crisis moral, social y existencial. «Paisaje de vecindario», «La mujer de al lado» o «Niño», por citar tres de los relatos que contiene el volumen, resultan tan clarividentes e ilustradores de la realidad del país anterior a la explosión económica, como algunos de los grandes títulos de la literatura japonesa de la época.

Nejishiki se publicó por primera vez en un número monográfico de la revista GARO de junio de 1968 dedicado a Yoshiharu Tsuge. Una de las novedades formales, al margen de su temática onírica y surrealista, fue la inclusión del color en un contexto donde todas las obras se publicaban en blanco y negro. El autor afirmó que Nejishiki era un ejercicio puramente artístico, alejado del concepto tradicional del manga. No obstante, más tarde se desdijo a sí mismo al asegurar que solo había plasmado sobre el papel un sueño que tuvo una tarde de verano tumbado sobre el tejado de una caseta donde se vendía ramen. La razón de plasmar su sueño sobre el papel fue bastante prosaica: se acercaba la fecha comprometida para entregar una historia y no tenía nada preparado. A falta de otra cosa, decidió, por tanto, enviar Nejishiki, que se convirtió de inmediato en una obra de culto. A pesar del manifiesto desinterés del autor por el mundo de los sueños, Tsuge abrió un camino que otros transitarían después. El autor siempre insistió en que escribió Nejishiki sin un propósito especial, si bien las historias que componen este volumen constituyen un antes y un después en la historia del manga.

«A menudo me perdía e iba dando vueltas por el mismo sitio varios días hasta la desesperación absoluta.» Flores rojas recoge catorce relatos de Yoshiharu Tsuge publicados en la revista GARO entre 1966 y 1968. Son historias inspiradas en sus viajes, impregnadas de realismo mágico y habitadas por personajes icónicos de la cultura japonesa, como el protagonista de El iglú de Ben, o Sayoko, la «niña de las flores rojas». También aparecen animales cargados de fuertes contenidos simbólicos, como en Salamandra, donde el anfibio se convierte en una metáfora del subconsciente del autor. Desfilan, además, viejos irascibles, fugitivos con problemas psiquiátricos y perros misteriosos. Tsuge explora las complejas relaciones y las angustias de un mundo de pobreza extrema. Con una voz siempre desencantada, crea una nueva forma de contar historias y de entender la ficción gráfica en la que aúna introspección, poesía y misterio, elementos que hacen de él un autor único. Flores rojas es una celebración de los encantos y las contradicciones del Japón rural de la posguerra.